El jardín de Paris... ha estado de poda y renovó los especímenes. Pasen y vean!


viernes, 13 de julio de 2007

Tres mujeres políticas

Son muchas las damas que han ido ganando su lugar en la política de este país, que hasta en eso es machista. Hay varias que merecen mención: Elisa Carrió, Gabriela Michetti, Patricia Walsh, Fabiana Ríos, Diana Maffía, Margarita Stolbizer, etc. Pero esta nota gira en torno a tres figuras relacionadas con el oficialismo nacional; mujeres instaladas en los medios y el debate público por distintos motivos.

Romina Picolotti

Con 35 años llegó a ocupar la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. Fue en medio de un episodio que sacudió al país: el conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de la pastera Botnia en Fray Bentos, Entre Ríos. La abogada, muy próxima a los asambleístas de Gualeguaychú, comenzó a trabajar en esa causa, pero inmediatamente se la vio también en la Corte Suprema de Justicia explicando un sorprendente plan de saneamiento del Riachuelo, que hace ya un siglo es un problema con quien nadie se enfrenta.

En estos días, la secretaria de Ambiente fue denunciada por extraños manejos financieros: irregularidades, contratos para parientes y viajes en aviones privados sin justificativos satisfactorios. Apareció vinculada con la desviación de una importante partida del Presupuesto a la creación de una fundación pública que no guarda ningún vínculo con su jurisdicción. Picolotti contrató unos 350 empleados para su cartera sin explicar siempre la idoneidad de esas personas, cuyos salarios oscilan entre los 4 y los 12 mil pesos. Muchos de los nuevos contratados resultaron ser parientes y parientes políticos.

El diputado nacional Adrián Pérez (ARI) denunció a la funcionaria por “malversación pública y defraudación al Estado nacional”. Se la acusa, además, por disponer de fondos a través de la fundación ArgenINTA sin los controles correspondientes, por la adquisición de cien computadoras de última generación, veinte impresoras, muebles varios y diez camionetas Toyota Hilux.

A todo esto, el Gobierno le solicitó a Picolotti que dé explicaciones por escrito de su accionar y de los gastos realizados. La secretaria, que ya habló de su inocencia y rectitud, puso sin embargo su renuncia en manos del presidente Kirchner.

Felisa Miceli

El 5 de junio último la Brigada Explosivos de la Policía Federal halló una bolsa de cartón en el baño privado que tiene la ministra de Economía en su despacho. El sobre contenía 31.670 dólares y 100 mil pesos, guardados estos últimos en una faja del Banco Central. Por lo expuesto, el abogado Miguel Bootello ampliaría en estos días una denuncia por “administración fraudulenta de bienes del Estado”. “El Banco Central no trabaja con particulares sino con bancos. Y éstos, cuando reciben los fajos de billetes, les sacan la faja del Central y les ponen la de los propios bancos para mandarlos a sus sucursales”, explicó Bootello.

Mientras tanto, en los últimos días el Gobierno había recomendado a la ministra dar explicaciones en público sobre la polémica bolsa. “Me parece que hubo ingenuidad, torpeza de mi parte. Fue un error. Pudo haber negligencia, pero estoy segura de que no he cometido ningún delito”, declaró Miceli, quien dijo que la plata se la había dado su hermano. En otra oportunidad, señaló que el dinero lo iba a destinar a la compra de una casa para su hija, en una operación inmobiliaria aparentemente trunca. Se oyeron varias explicaciones de boca de Miceli, y son las discrepancias entre las versiones las que alimentan las sospechas.

El 9 de julio la titular del palacio de Hacienda se mostró en los actos oficiales con el presidente Kirchner, que según el Jefe de Gabinete se dio por satisfecho con las explicaciones dadas por la ministra. Aún así, el Gobierno evalúa los costos políticos de mantener a Felisa Miceli en su cargo y si la investigación judicial que se sigue complicaría su situación. Es la Justicia la que, creyéndolo conveniente, llamará a declaración indagatoria a la titular de Economía. Ella, por su parte, podría adelantarse a la citación judicial y presentarse por propia decisión en los próximos días.

Cristina Fernández

Se adelantó un mes el inicio de campaña de la esposa del Presidente, la campaña, me parece, más cuidada y ‘fashionista’ que hayamos visto. El lanzamiento oficial será el jueves 19 en La Plata, y a mediados de agosto la Primera Dama presentará en público a su compañero de fórmula, quizás el gobernador mendocino Julio Cobos, alto referente del “radicalismo K”.

Por ahora, la senadora se apresura a ser la figura central en la carrera hacia las elecciones de octubre. Ya se ha visto cómo funciona su campaña, porque en 2003 operó de la misma manera: un perfil cuidado y moderado, apariciones en público junto a su marido, poco o nulo contacto con la prensa, y nada de declaraciones jugadas o agresivas. La señora prefiere disertar en los atriles de los congresos, en eventos culturales de nuestro país o en los coloquios internacionales a los que asiste con tanta frecuencia. Su imagen de politóloga y mujer de la cultura choca todo el tiempo con la frivolidad que exhiben su pelo ‘divino’, su etiqueta carísima y su maquillaje expresivo. Pero la Primera Dama se muestra seria y siempre cae bien parada, muy correcta políticamente y educadamente diplomática.

De todos modos, el kirchnerismo se lamenta de que Cristina tenga que cuidar su imagen en medio de las sombras que amenazan con poner en duda la reputación de la “era K”. A la crisis energética, la inflación y el turbio caso Skanska (sobre el pago de sobreprecios por un gasoducto) se suman ahora las sospechas por corrupción que recaen en la ministra de Economía y la secretaria de Ambiente. Todo esto preocupa más que la oposición política, a la que los Kirchner están acostumbrados a despreciar, desoír, desmerecer e insultar. Es más: Cristina pronto saldrá a hablar, aunque con altura de tacos agujas, contra los Ménem, contra los Duhalde, contra los Rodríguez Saá, contra tantos y contra tantas (no sé si contra Macri), figuras viejas y nuevas que el imaginario detesta y desea seguir viendo vapuleados.

La cúpula de la Iglesia Católica argentina, por ejemplo, es uno de los muchos sectores que empiezan a considerar el panorama que se avecinaría si por primera vez la senadora fuera la primera presidenta electa. Los obispos se preparan para lidiar con alguien que no presenta sustanciales diferencias respecto a su marido, que en los últimos tres o cuatro años optó por la falta de diálogo, la confrontación, la apelación al pasado reciente. Los obispos, como muchos otros, sospechan que el estilo “K” se profundizará más, sólo que con fragancia Givenchy y zapatos Prada.

Las citas y los datos fueron consultados de notas del diario Clarín del día lunes 9 de julio de 2007.